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Desde la energía a los alimentos, la ropa o los dispositivos electrónicos, todo llega a Occidente por barco. El transporte marítimo ha cambiado las reglas del juego. Las distancias ya no existen. “Hemos llegado a un punto en el que los productos locales resultan más caros que los que nos llegan desde las antípodas y está claro que en esa ecuación hay algo que falla”, afirma...